Fragmentos del proyecto Mi lugar en el mundo, llevado a cabo con la residencia artística RUTA234 de Pueblos en Arte. 

En el transcurso de la misma, entrevisté y fotografié a niñxs y adolescentes entre los diez y los diez y ocho años sobre las perspectivas y planes de vida en una de las zonas más despobladas de Europa. 

 

MI LUGAR EN EL MUNDO

Estoy convencida de que todo el mundo debería tener el derecho a contar su historia y a que quedase recogida de manera pública. El saberte sujeto del interés de los demás tiene una capacidad reparadora de manera individual y colectiva

Patricia Simón, Miedo (ed. Debate, 2022)

 

No guardo un recuerdo especialmente bueno de mi adolescencia. A una etapa ya de por sí compleja, se le sumaron una serie de circunstancias de las que sigo conservando cierta sensación de vida ajena. Tan pronto como terminaron esos años, los despedí de un portazo, convencida de que nunca volvería a tener nada que ver, ni estaría interesada, por nada que sonase a pubertad. 

No fue hasta hace un tiempo, preparando otro trabajo, que me pregunté cómo es ser adolescente ahora, en una situación histórica que se me antoja infinitamente más apocalíptica que la que yo viví. Aunque las preguntas que planteé en un principio para este proyecto giraban más en torno a los espacios rurales, en cuanto tuve la primera entrevista supe que no quería limitar su representación a una circunstancia que ya forma parte intrínseca de ellxs. No quería que se vieran forzados a otra reivindicación más de la España rural,  quería que contasen a qué juegan, qué quieren hacer con su vida o si hay algo del futuro que les asuste de verdad.

Pese a que se haga casi por defecto, no tiene ningún sentido desestimar las inquietudes de una parte de la población en base a una supuesta falta de conocimiento del “mundo real” (signifique eso lo que signifique) porque tan real es para nosotros la vida adulta como lo es la suya para ellxs, y hacer que se sientan tomados en serio no es concederles un capricho, es reforzar el sentido de comunidad y pertenencia en un momento de individualismo imperante.

Yo no me sentí lejos en absoluto de los razonamientos de Alma y Ana, unas muy buenas conversadoras de semblante adulto que se miraban antes de empezar a hablar para no interrumpirse. No reconocí a una supuesta generación perdida en Lola, una de esas personas que parece llegar al mundo con vigor aventajado, que hace que todo lo que digan suene como una conclusión lógica. No me pareció que los valores sociales se estén perdiendo con Sofía, que me habló de "la chica que no es como las demás chicas" (como si las mujeres, para ser identificadas como sujetos de interés, debiéramos salirnos sí o sí de las normas de género). y de que no casar con lo que te rodea, a veces es una mierda. No creo haber tenido una adolescencia temprana tan diferente a Greta y Marina, que se movían por el espacio y tenían todo el rato la tierra presente, con palos o briznas de hierba en las manos que se iban quedando amontonadas en sus pies. 

Puede que sí vayamos perdiendo la pureza con la que lo expresamos, pero no tenemos esquemas y anhelos vitales tan diferentes a los suyos, sólo hay que dejarles el espacio necesario, reconocerles su derecho a descubrir y ocupar su lugar en el mundon

Greta, 10 años. Marina, 11 años. Torralba de Ribota y Cerbera.

Marina: No sé qué voy a decir.

Greta: Tú sé sincera. Venga, siéntate.

¿Qué tal es crecer en el pueblo?

Marina: Es… muy bonito, hay bastante naturaleza, está muy tranquilo, no hay contaminación y cuando eh… voy a la ciudad me siento un poco agobiada, porque hay mucha gente y en alguna tienda me siento muy preta.

Greta: Yo es que, es que… lo mismo que Marina, lo único que no hay muchos niños, y estoy un poco sola. Y es que en verano hay demasiadas, vienen demasiadas personas y se creen que es su pueblo, pero en realidad no viven aquí.

Marina: Y en realidad no saben lo que es caminar a cuatro patas o hacer cabañas. Y luego la mayoría de niños no sale a la fresca. Y que también… ¡que se siente un poco sola cuando no hay nadie!

(Greta se quita un bichito del calcetín)

Imaginaos que el alcalde os concede un deseo, que monta lo que le pidáis, ¿qué sería?

Greta: Hum… qué raro sería eso. Em… ¡pues no sé! A mí me gustaría… un corral lleno de animales.

Marina: ¡Como un zoológico de los animales!

Greta: Y si no podría ser eso pues… cabañas de madera, ese sería nuestro sueño.

Marina: Pero con muebles, ¿vale? Con muebles.

Greta: Con cuadros.

Marina: Y que tengamos allí un pato.

¿Cómo imagináis el futuro del pueblo?

Marina: Pues solitario, triste y mal.

Greta: Pero si tuviera que ser bonito, pues…

Marina: Tú piensa lo positivo porque la mayoría de veces soy negativa.

Greta: A ver, ella piensa triste, pero yo… no sé, pues con más gente y más casas.

¿Creéis que sois diferentes a las niñas criadas en pueblos?

Greta: Bueno, para nosotras es diferente. Si yo me crío en la ciudad, pienso que los de pueblo son raros. Sí, son raros. O sea, ¡no, raros no!. Bueno, que… para nosotros es diferente.

Marina: Sí. Pero que tampoco sufran mucho los ciudad, hay buenos y hay malos.

Vale, ¿hacemos la foto?

Greta: ¡Vale!… ¿hay que posar?

 

Sofía, 14 años. Cerbera de la Cañada.

¿Tú sientes que estás siendo acorde a tu edad y fiel a ti misma? Yo siento que estoy siendo como quiero ser. No quiero ni crecer antes, ni más tarde, simplemente hacer lo que quiera.

¿Crees que hay una marca generacional en la gente de tu edad? Sé que la pandemia y lo que está pasando con Ucrania y Rusia va a marcar, es como que cada vez que el mundo se va haciendo… cuanto más inteligente se hace, yo creo que es al revés, que se hace más idiota, porque pudiendo estar todos tranquilos con su vida, está el dinero muy mal repartido, el poder muy mal repartido, el dinero, justo los que más tienen son los que peor lo aprovechan, y pues ahora con lo de Rusia, yo no… no es que sepa el motivo pero tampoco veo que exista una razón para hacer una guerra de la nada, y el otro día lo estuve hablando con mi madre y le dije que no debería ni haber gente para eso, no deberían entrenar ni a militares para guerras, sino que fuera para ayudar de verdad. Me acuerdo hace años que una chavala mató a Gabriel, a un niño, que encontraron una camiseta, eso fue… en el momento que ves que no todo el mundo hace cosas buenas y eso, yo creo que ya… (hace un gesto de “basta” cruzando las manos)  Pero hay gente también que es buena. Yo no quiero que me juzguen.

Mateo, 12 años. Torralba de Ribota.

¿Qué tal el cambio de Madrid al pueblo?

Todavía sigo asimilándolo, echo mucho de menos Madrid, todos mis amigos y todo pero… pero voy bien, sí. Aquí tengo otros amigos y también estoy muy  bien. A ver, yo, sinceramente lo pasaba muy mal, y creo que soy el único de mi clase o… no lo he oído nunca, lo paso muy mal viendo a la gente pobre en la calle de Madrid, y aquí no lo veo, entonces eso ya me gusta. Y luego la tranquilidad, el respirar aire mejor , no tener todo el rato coches pasando, barullo… sí, lo que tiene un pueblo.

 ¿Con la gente notas mucha diferencia?

Totalmente. A las buenas y a las malas. Aquí la gente es más bruta, si te haces daño por ejemplo, se ríen… pero aquí también haces más cosas, allí era todo un poco más repetitivo, íbamos a los mismos sitos todo el rato a hacer lo mismo. Aquí un día te vas al campo de fútbol, otro día te vas a una iglesia abandonada… y los grupos diferentes de amigos se unen mucho. Los amigos en Madrid son mejores, pero las actividades aquí son mejores.

¿Crees que algún suceso histórico marcará de forma especial tu generación?

Mmmmm no sé, en la historia siempre han pasado cosas.

Lola, 16 años. Cerbera de la Cañada

¿Qué quieres hacer cuándo acabes el Bachillerato?

Quiero estudiar arquitectura en Zaragoza. Me llaman mucho los edificios, el cómo están hechas las cosas…desde que tengo doce años, once… sé que quiero ser arquitecta y lo voy a ser, porque es lo que quiero.

¿Dónde imaginas un futuro?

No sé si es viable un futuro en el pueblo, si pudiese yo lo haría. Si en el tiempo que me toque a mí trabajar me lo puedo permitir, lo haré, porque me parece que los pueblos es algo que no se puede perder, que no sirve de nada tener una ciudad con un millón de habitantes y después cien pueblos con dos habitantes. Eso al final no… para mí la vida no está dentro de una ciudad, está en un pueblo con mis amigos, el poder salir a la calle y que nadie me diga nada y ser libre, porque al final aquí es que… eres libre. Es que se van a morir, se están muriendo, que es lo triste.

¿Desde tu infancia en el pueblo, cómo ves una infancia en la ciudad?

¡UF, no! (se ríe) Es que es algo que no me llama, es que creo que una infancia en una ciudad es de infelices. 

Emilio, 10 años. San Leonardo de Yagüe.

¡No quiero hablar! Vamos a hacer la foto. 

No creo que cada uno tenga su propio lugar. 

Creo que cada uno es un lugar para los otros. 

Daniel Faria. 

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